Una buena empresa no necesariamente es un buen crédito. Y un buen crédito no siempre es la mejor solución para una empresa.
A lo largo de mi carrera he tenido la oportunidad de ver el financiamiento desde distintos lados: inversiones, banca, finanzas corporativas y, actualmente, desde la dirección de empresas financieras. Esa experiencia me ha dejado algo muy claro: financiar una empresa no debería reducirse a conseguir la tasa más baja.
Hay que entender para qué necesita el capital, cómo genera flujo, en qué plazo puede pagarlo y qué estructura le permite seguir creciendo sin comprometer su operación.
A veces la respuesta será un crédito. En otras ocasiones será arrendamiento. Y habrá casos donde tenga más sentido combinar distintas fuentes de financiamiento o fortalecer primero la estructura de capital.
Del lado de las instituciones financieras el reto también es importante.
Queremos acompañar el crecimiento de nuestros clientes, pero hacerlo de manera responsable exige mantener disciplina financiera, entender correctamente el riesgo y estructurar operaciones que funcionen para ambas partes.
Creo que ahí está una de las partes más interesantes de nuestro sector: el financiamiento bien estructurado no solamente resuelve una necesidad de liquidez; puede convertirse en una herramienta para acelerar el crecimiento de una empresa.
Voy a empezar a utilizar este espacio para compartir algunas ideas y experiencias sobre financiamiento empresarial, estrategia, gestión de riesgos y servicios financieros.
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